viernes, 26 de septiembre de 2008

No me gusta cómo caza la perrina


Quizá una de las soluciones para reconducir- paliar la crisis y generar confianza sea la de inyectar cienes de miles de millones y evitar así el hundimiento de otros brothers, fannies, freddies y otra gente de buen vivir; pero que esto lo diga W, que pasará a la historia por cargarse su propio país en solo ocho años, no sé, no me cuadra. No me gusta cómo caza la perrina, que decimos por aquí.

Un tío que se mete en una guerra con la oposición de todo el mundo excepto la de su fiel aliado imperio británico (yo creo que es el topo de U.S.A. en la U.E.) y la del suegro de A.A., solo porque se lo piden las petroleras y la industria armamentista para hacer más caja todavía y desestabiliza la economía mundial, no puede ser fiable ahora en la intervención y rescate del sector financiero. Es cuando menos sospecho que el paladín del libre-libre mercado, de la autorregulación y otros cuentos invoque ahora el Apocalipsis para dar el dinero de los contribuyentes a esos vampiros de Wall Street. En nombre y a cambio de qué. Yo no me creo que este pato cojo tenga una sola buena intención. A cambio de nada. A cambio de que los vampiros tomen una dosis extra de sangre y tomar fuerza para seguir mordiendo los desamparados cuellos de púberes desprotegidas.

Más bien creo que, con ese discurso de fin del mundo, quiere hacerle campaña al candidato republicano de la mejor y única forma que saben hacer los ultraneocon: apelando al miedo y a la catástrofe. Imponiendo la autoridad del padre protector. Que nadie piense que inyectando ese pastón va a haber regulación en ese país. No si vuelven a ganar los republicanos. Y ya sabemos cómo son los yankis a la hora de defenderse ante cualquier amenaza que ponga en riesgo la seguridad del Estado (me ha salido una frase FBI).

Pues eso, que no me lo creo.