jueves, 23 de octubre de 2008

La cumbre


Mal andamos si el país, si el hacedor de los males que nos aquejan es el que toma la decisión final sobre quién puede o no participar en la propuesta de soluciones. Más bien debería entonar el mea culpa y escuchar el mayor número de propuestas para luego decidir, consensuadamente, no por imposición, cual sería el mal menor para tan grande mal. Pero la humildad y el reconocimiento de los propios errores no está en la agenda de tan alto comisionado y cerrará su paso por la Casa Blanca dejando sobre la mesa del despacho oval el barro de sus botas tejanas. Dudo mucho en cualquier caso (y no porque esté o deje de estar España en esa reunión de “amigos”) sobre la “solución final”. Precisamente es dobleuve el que estorba, pero no es este el caso. El caso es que Europa no es una sola voz en momentos trascendentales (para eso está el Reino Unido, para impedirlo) y Estados Unidos impondrá, como siempre, su criterio. Que podemos esperar entonces de una decisión que provendrá del sistema que ha provocado la herida. De la persona que la ha incentivado. Por mucha urgencia que necesite el enfermo, habiendo elecciones por medio, yo lo internaría en la uvi y le aplicaría cuidados intensivos, sí, pero esperaría al 20 de enero próximo para aplicar la vacuna. Incluso si fuese MacCain el que se lleve el gato al agua. El problema no es económico ahora. El problema es Busch.