jueves, 16 de octubre de 2008

De qué color es la piel de Dios: The Bradley effect


Dicen las encuestas (ese lupanar de la opinión) que el candidato Obama ha vuelto a ganar el debate (el último) en la cuasi recta final a la Casa Blanca. Parece ser que ni Joe “el fontanero” va a sacar a McCain del corsé en el que está metido para aparentar lo que no es. Rajoy tuvo su “niña” que es una imagen mucho más tierna y tampoco le funcionó. No entiendo ese fallo garrafal en los gurús de campaña, cuando todos sabemos que el fontanero se asocia a ese rudo señor de camiseta sudada y musculatura imposible que desatasca las cañerías en la cocina a nuestras mujeres cuando no estamos en casa (en la ideología conservadora el macho sale a trabajar y la hembra cuida de la caverna y la descendencia). Lo que parece claro es que el candidato blanco yerra en sus metáforas y en su estrategia de ataque sin piedad y acusación (meter miedo es muy neocon) al candidato negro, en una especie de apropiación indebida incluso en la idea de cambio. ¿Qué puede cambiar McCain, aparte de las cortinas del despacho Oval? Presume de experiencia. ¿Experiencia en invadir países? ¿En fabricar demonios y enemigos para justificar abusos y recorte de libertades fundamentales? Desde luego, aunque solo sea como estrategia electoral, se quiere distanciar de Busch en un explícito reconocimiento del desastre que ha supuesto la política de uvedoble (no sé por qué me suena a güisqui) para USA y el mundo. A no ser que a última hora saque un conejo, en forma de ataque inminente a la seguridad nacional (que es algo muy de hollywood pero que da resultado) de la chistera, parece que lo tiene crudo.

En cualquier caso la experiencia (en este caso sí) dicta que no hay que fiarse-relajarse ante la demoscopia del triunfo fácil en un país de alma blanca. Todos decimos ante cámara que votaremos al negro (que queda muy chic) pero luego votamos al blanco (no sea que quiera vengarse de tantos años de explotación y sometimiento). Así que, como suele ocurrir casi siempre con el voto progresista (lamentablemente en USA votar demócrata es lo más parecido a progresismo con opciones de gobernar), la clave estará en la movilización. En convencer al electorado para que vote. Incluso seguramente habría que enviar observadores internacionales porque la cuna de la democracia ya ha dado muestras de “hacer la cama”.

Si el representante de Dios en la Tierra es el Presidente de los Estados Unidos (no nos engañemos los papas de las religiones sólo son jefes de gabinete), la pregunta es: ¿de qué color será la piel de Dios? No sé por qué, pero me da que en esta ocasión va a ser negra. Ya tendrán tiempo los lobbys de presentarle a Obama al médico de Miachel Jackson.