domingo, 16 de marzo de 2008

Salir del jardín

El resultado del PSE en estas elecciones hay que leerlo al compás del obtenido por el PNV, sí. Pero tensar la cuerda, en ocasiones, ocasiona dolores de cabeza o situaciones surrealistas. Es cierto que la izquierda abertzale tiene su nicho de votos en territorios bien definidos. En esos sitios en donde la libertad tiene un plus de peligrosidad porque el voto, aunque secreto, tiene nombre y apellidos. También el PNV conoce a sus votantes. Durante treinta años el partido en el poder ha tejido una red ficticia de protección sublimando la diferencia y jugando al quiero y no puedo porque no me interesa para mantenerse y perdurar. Ser diferente a otro no tiene por qué excluir al otro, a ese otro que vota diferente. Tener una identidad arraigada y sostenida por un idioma y unas costumbres no significa apartarse de los demás. Vender la diferencia a costa de los otros es un signo de oportunismo. Un mensaje de confusión para perdurar y mantenerse en nombre de la nada. Todos los territorios de España, tengan el sello de históricos o no, han sufrido la misma opresión durante aquellos años. Con total seguridad más opresión que los señores de Neguri o, al menos, más hambre. Ahondar en la diferencia para ganar votos y mantenerse en el poder es tan legítimo como querer convivir en un lugar que, por común, nos reconoce a todos. En el fondo, lo que de verdad interesa, lo que nos une es la impresión y la necesidad de pasar por este mundo con dignidad. Lo que de verdad perseguimos es ser felices. Y eso se consigue teniendo un trabajo que nos permita poder intentar construir nuestra propia felicidad. Y esto, a veces, cuesta tanto y se vende tan caro que podemos reconocernos en cualquier situación que nos garantice el sustento. Una cosa es el rechazo a la violencia y otra el seguir sobreviviendo. Y a veces sobrevivir conlleva adaptarse y no mirar. Romper esa tela de araña va a ser muy complicado. Cada convocatoria electoral tiene sus claves. Pero esto no significa que haya que rendirse. Los que viven allí ya lo saben. Tendrán que confiar y no podemos defraudarles.