jueves, 13 de marzo de 2008

"Por el bien de España" (lectura segunda)

Ahora bien, si el anuncio de seguir (por el bien de España) esconde una estrategia de renovación, incluido él mismo, sin traumas, sin catarsis de colmillos blancos y luz de navajas, para no dinamitar un partido que presume de unidad y reconducir una situación, estaríamos hablando de otra cosa. Pero no le quita el matiz pelín soberbio de sentirse inmaculado, libre de toda culpa de lo que ha pasado durante los cuatro años de legislatura y que ha desembocado en la derrota electoral.

Si es por el bien de España que el partido popular debe renovarse y cambiar de discurso, que así sea. Amén. Pero la renovación de un partido se hace con proyectos nuevos, y sobre todo con nuevas personas que los lideren. Es lo que hacen todos los partidos políticos cuando sienten la necesidad de renovación. Se someten a un congreso donde sus militantes hacen propuestas y se presentan programas y proyectos y se votan, etc., etc.

Esto de que el perdedor de unas elecciones lidere la renovación es, cuanto menos, atípico, genuíno y original. Desde luego cierra muchas puertas a otros posibles candidatos (que siempre los hay, no nos engañemos, aparte de los que ya se han postulado en muchas ocasiones). Esta nueva variedad congresual podría inscribirse en la especie “dedus aznaris “ pero no ante-congreso sino in-congreso.

Tampoco sería nada demasiado extraño pues a la derecha siempre le gustó hacer las cosas desde el púlpito. Eso que tanto y tan bien practican los grupos de desarrollo rural, el trabajar de abajo a arriba (bottom-up, que dice la gente de idiomas), el consultar a las bases, es de rojos y de izquierdosos. No quedaría bien en un congreso de los “barrios de salamanca”, mire usté.

Pero si lo que pretende es darse un baño de multitudes haciendo cuatro cambios de fachada (esos más molestos que por lo visto le impusieron) para prolongarse como aspirante a candidato de la oposición en 2012, va a tener que aprender a bailar con astucia y con firmeza el chiki-chiki:

Uno: el brikindans. Ofrecer una renovación consensuada colocando “bien” a los sacrificados.

Dos: el crusaito. Consensuar la tamización del discurso e hilarlo con finos pespuntes.

Tres: el maikelyason. Vendérselo a los gurús de los medios ya no adscritos a cambio de mucho.

Cuatro: el robocó. Echarle arrestos y parar el dedo acusador de Josemari de “Todas las FAES”.