martes, 12 de agosto de 2008

Simpático


Cada vez me sorprende menos la capacidad que tengo para derrochar simpatía según pasan las horas y las copas. Es una habilidad que requiere entrenamiento; pero me encanta regalar sonrisas y hacer de la razón, con mucho hielo, el dogma que nos une (siempre que no me contradigas). Jamás pude entender no haberte conocido antes. Asientes cada gesto, cada palabra precisa, interminable y verdadera que digo entre sorbo y sorbo. Y yo me siento feliz y realizado. Necesario (que desaprovechado estoy cuando no bebo). Me siento el centro de la barra mientras prolongo con maestría las sílabas con erre para enfatizar el argumento y ser más convincente. Puedo pasarme el día entero desplegando simpatía y frases concluyentes. Así hasta el momento, crucial, en el que mi sistema financiero se resiente y me despido con abrazos y sonrisas pensando en volver al día siguiente, en el que espero intimidar un poco más para seguir construyendo una amistad on the rocks bien asentada sobre el mármol.
Lo nuestro va a durar e-ter-na-men-te. Eres parte de mí. Te llevo ya en la sangre. Solo se puede romper el día que me preguntes qué quiero tomar y yo no te conozca. ¡Pero eso no puede ocurrir nunca!