viernes, 8 de agosto de 2008

Aniversario


Era domingo, o víspera, no sé, no estoy seguro. Sé que salí y que me dijiste que no tardara, que iban a venir después de tanto tiempo y no podíamos quedar mal. O que teníamos que quedar bien, ya no recuerdo. Pero venían. Eso es seguro. Paella es lo mejor. Echas arroz y nunca fallas. Estuve caminando igual, durante mucho tiempo. Para aliviar varices (son esas venas que hacen tanto feo, da igual el daño; total, nunca me dolieron) y permitir la circulación de ese momento que siempre perseguí sin dar explicaciones. Para pensar (esa extraña sensación que hurga en la memoria), y desandar el tiempo que siempre nos negamos. Cuando me besaste, no sé por qué, noté una despedida, una caricia húmeda y salada; como aquella vez que se apagó la luz y, a tientas, nos buscamos. Todavía me pregunto a qué de esa mirada, ese apretón que me hizo daño. No vuelvas tarde, me dijiste otra vez, cuando me estaba yendo...

No me preguntes ahora el tiempo que ha pasado. No lo sé. Solo sé que al ver mi nombre escrito, en la distancia, no supe volver. Pero te espero.