martes, 5 de agosto de 2008

Se abrió la veda

Mal que nos pese ya lo dijimos hace unas semanas. Esto de las balanzas fiscales es un ejercicio democrático de transparencia que cada vez parece más innecesario por el lodo dialéctico e interesado que algunos personajes (me da igual igual su tendencia política) hacen de los datos. Sobre todo porque la utilización de los datos, al igual que los de las propias balanzas, son muy manipulables, inducen a error y a confusión y, como estamos viendo, a estúpidos cruces de palabras que llegan ya al insulto personal y colectivo. Esto del dinero siempre fue complicado. En las películas se mata por ello. En la vida real también. No es el caso (que yo soy muy exagerao) pero como esto siga así, con la cantidad de catalanoextremeños que hay (cientos de miles), las vacaciones en los pueblos de ambas comunidades (o naciones, o regiones, o territorios, o…) se verán empañadas por discusiones a favor y en contra de unos y de otros. Y lo que antes era contar batallitas al llegar al pueblo en torno a unas cañitas se puede tornar en cruce de miradas poco amigables y en dame lo que me debes-dámelo tú que me debes más.

Por eso insisto en que el Gobierno de España tiene el deber de explicar verdadera y claramente el significado de las balanzas fiscales, que no es otro que un mero dato estadístico confuso que no sirve más que para el uso y disfrute de los coleccionistas de gráficos (ya dijimos que puede haber tantas balanzas como estrellas tiene el universo) defectuosos porque no son ciertos.

Que los que están dedicados a la política activa se embarren de vez en cuando en defensa de los intereses de sus representados es normal, yo diría que a veces obligatorio. Pero que enfrenten a los ciudadanos en un juego peligroso de secesión es cosa bien distinta.

Propongo algo ya que hablamos de dinero. ¿Se debería multar a los profesionales de la palabra política cada vez que, a criterio de sus jefes (los ciudadanos), soltaran por su boca alguna estupidez como la que hoy comentamos? Mi voto es que sí, aún consciente de su imposibilidad.

Yo lo que quiero es tomarme las cañas tranquilo y aportar mi grano de arena para superar esta crisis.