lunes, 1 de junio de 2009

¡Anda! ¡que estás paí!

Dear B.:

La desesperación puede llegar a ser el peor enemigo de nuestros objetivos. Es legítimo aspirar a cualquier cosa (legal) y luchar por conseguirla. Incluso puede ayudar mentir sobre aviones, bodas y trajes a medida. El auditorio, si es afín, lo aguanta todo. Lo aplaude todo. En la excitación del mitin, de la reunión con los afines, de la arenga, se dicen tantas cosas, tan bienvenidas, tan inmediatas…, que seguramente decantarán el voto hacia una esquina u otra dependiendo del cabreo, circunstancia u oportunidad. Una crisis siempre es una crisis y la culpa, al fin y al cabo siempre será de quien gobierne. Da igual de donde venga, donde se genere, con qué modelo, cuál fue su raíz. Lo que cuenta es a quién le ha tocado.
La diferencia está en la responsabilidad, el compromiso, la altura de miras (que dicen los entendidos). En el pragmatismo. Mientras los malos, los generantes de la crisis reculan y aplican medidas claramente socialdemócratas (aunque sea coyunturalmente; de ahí el pragmatismo), aquí preferimos-prefieren aprovechar la situación para intentar desplazar del gobierno a quién está poniendo todos los remedios posibles para salir de la situación. Siempre seremos, entonces, un país de oportunistas, de chalabarderos*, de trapisondistas y de qué hay de lo mío. De ahí lo de la desesperación. El suegro de Agag expulsó a Demetrio Madrid del gobierno de Castilla-León. Se aupó al frente de Génova como el adalid ante el totus revolutum de su partido, y Fraga puso el mundo a sus pies. Luego vino lo de la lluvia fina, es decir, mentir y mentir porque nada importa, porque vamos a hacer una verdad de la mentira (esto están haciendo ahora). Aprovecharon buenos años globalizados para vender el modelo económico que nos ha llevado a esta situación. Esos años en los que Alvarez Cascos decía que si los españoles compraban pisos de 300.000 euros es porque podían, porque había pasta para eso y para más.
A Brey ahora alguien le ha dicho que si quiere ganar tiene que seguir la misma fórmula. Mentir, mentir. Da igual en lo que sea, pero mentir. Y está apostando por eso. Seguramente no le queda más remedio. Es su última oportunidad para apartar los cuchillos de su cuello. Los abrazos rotos.
Tendremos que reflexionar sobre todo esto. No para mentir. Para comunicar debidamente el esfuerzo de todos por salir de esta. A Brey le conviene que nos deprimamos, que nos enfademos. Yo también, B, estoy muy enfadado. Pero sus soluciones, por desconocidas, no me valen. Todavía no sé que pretenden hacer para sacarnos de aquí. Y llevo mucho tiempo intentando vislumbrar que es lo que aportan. Para mí que no aportan nada. Solo quieren estar. Por su cara bonita. Como estuvieron siempre. Todavía no han entendido que el campo no tiene puertas. Que ya sabemos leer. Y elegir.


* Ni María Moliner me ha sabido decir lo que significa. Pero no deja de ser alguien que chismosea con disciplina. (Esta me la apunto).