lunes, 11 de febrero de 2008

No pienses en una gaviota (II)

El partido de la gaviota, consciente de su techo electoral, comprobando que la agitación y el ruido político sin argumentos desazona y aboga al escepticismo a muchos electores (no precisamente votantes suyos) apartándolos de las urnas, diseñó hace ya bastantes años una estrategia electoral que sigue manteniendo, importada de la cocina neoconservadora que aupó a Bush hasta la Casablanca y reelaborada en la cocina de la FAES. Bush tuvo su arquitecto y Rajoy tiene su aparejador. Agitan, dividen, siembran el miedo (mintiendo impunemente, falseando y manipulando, todo vale) calientan el banquillo con sus medios afines, con todo su aparato mediático y después mucha moviola. A repetir machaconamente el mismo discurso (”lluvia fina”) de extender recelo y temor. Pero esto aún siendo muy peligroso para la salud de la democracia, aunque efectivo según los expertos de la métrica electoral, al no ser nada nuevo, no debiera cogernos por sorpresa. Por convicción o por reacción ante tanto insulto a nuestra inteligencia debemos apuntarnos a la idea del 80% y acudir masivamente a las urnas. Por higiene democrática, por salud de convivencia, por mil argumentos que podrían resumirse en que a unas elecciones hay que presentarse en positivo, mirando al futuro, aportando propuestas, ofertando soluciones y no amenazando con negros panoramas.


Desde luego yo prefiero la alegría







a la tristeza y al catastrofismo