jueves, 12 de junio de 2008

Lo que no se conoce no existe



Decía mi abuela que ya le podían contar historias pero que hasta que no “saliera” en la radio o en la tele no era verdad. Y es que se fiaba mucho de aquellos locutores de voz grave y “convincente” (sentenciadora decía ella) a la hora de dar crédito o no a lo que pasaba en el mundo.

Los magos del dale que te pego y la lluvia fina intentan desviar la atención sobre su mal interno propagando a los cuatro vientos la parálisis del gobierno cual vacaciones pagadas mientras nos sumergimos en una de-sa-ce-le-ra-ción acelerante. También es su labor opositora. Lo cierto es que la cosa está pero que muy jodida. Algunos ya la pre-anunciaron (¿se podían haber tomado medidas cautelares?). El común de los mortales, entre los que desgraciadamente me encuentro (ya me gustaría ser inmortal y propio), empezamos a oír tímidamente (también es verdad que dicen que no hay peor sordo que el que no quiere oír) esto de la crisis a final del año pasado, cuando ya estábamos inmersos en la orgía de la precampaña electoral, embriagados por el tanga de las propuestas de campaña.

No es menos cierto (creo yo) que este gobierno está planteando medidas para suavizar y, en su caso, frenar las heridas económicas. Pero voy a tener que apuntarme a lo que decía mi abuela. Hecho de menos a esos ministr@s en los medios explicando (las veces que haga falta) las actuaciones concretas que están poniendo en marcha. Para que nos enteremos todos-todos. Y de paso para acallar algunas voces agoreras. Para insuflar un poco de optimismo. Para que visualicemos que se gobierna, que hay ideas, planes y hechos. Convicción (sentencia diría mi abuela) en lo que se está haciendo, y trasladar ésta a la ciudadanía (que me da no sé qué tomar las cañas de los viernes rodeado de pesimistas de barra).

¡Que les suelten la lengua! De la Vega, ¡no quieras decirlo todo tú sola!