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lunes, 9 de febrero de 2009

Cuestión de sensaciones


La vida (y la política) en general, lejos de desarrollarse en aspectos puramente racionales, toma el pulso y se circunscribe en algo más emocional, más cercano a las percepciones y sensaciones, a "ese trozo de piel" que rige nuestro cerebro. Son por tanto fundamentales los estados de ánimo y el ambiente exterior que puede influir en ellos. Los eventos consuetudinarios que acontecen en la rúa. En lenguaje poético: lo que pasa en la calle. Para conseguir un buen estado de ánimo se hace imprescindible impulsar y recibir mensajes positivos que relaten esperanza, seguridad y esfuerzo compartido. Y en eso estamos. Pero quizá habría que reforzar esos mensajes con algo más profano como garantías efectivas (euros y puestos de trabajo en lenguaje de mercado)para insuflar vitalidad al recibo de la luz y la hipoteca.

Algunos post más atrás, cuando el mundo progresista soñaba con la esperanza negra, me atreví a dudar, no ya de su osadía, tan justa, tan necesaria, sino de la capacidad de movimiento para osar. Hoy leo esta reflexión de Paul Krugman (es un premio nobel, pero no importa, todos alguna vez hemos ganado un premio)y empiezo a reafirmar mi duda y mi sospecha. Ya sé que Estados Unidos queda muy lejos (a más de seis horas de distancia horaria). Tan lejos como Lehman Brothers, Fanny y Fredie, el mago Madof y otros quedaban hace un año de la tienda de mi barrio. Por eso me produce sensaciones.

lunes, 26 de mayo de 2008

Lealtad-Coherencia


Leal: persona cuyo comportamiento corresponde a la confianza puesta en ella o a lo que exige de ella el amor, la amistad, el deber, las convicciones…
Coherente: se aplica a las personas cuyos actos se corresponden o son acordes con la palabra dada, las ideas…, de manera que constituyen un conjunto con unidad y sin contradicciones…


Si damos valor a las palabras desde luego son éstas dos fundamentales en cualquier estadio de la convivencia. Ahora que vienen tiempos de congresos. Que se leen, ven y escuchan movimientos de renovación, cambios o ajustes me ha venido a la memoria el ejemplo público más cercano y notorio de lo que a lealtad y coherencia se refiere. Tengo otros, claro, pero más cercanos e íntimos. También de lo contrario.

Me estoy refiriendo a Juan Carlos Rodríguez Ibarra, quien en septiembre de 2006 anunció que no volvería a ser candidato a la presidencia de la Junta de Extremadura y que volvía a su vida profesional universitaria. Las dos cosas las cumplió sin ruido, sin estridencias y sin traumas. Como una decisión personal libre y meditada. Coherente con su acción política de los últimos treinta años. El próximo julio abandonará definitivamente la primera línea dejando la secretaría general del PSOE de Extremadura.

Hasta aquí sería todo normal, teóricamente normal (hay muchos ejemplos de lo contrario) sino fuera por la confusión que en muchas ocasiones tenemos con renovación y cambio generacional. Me explico. Ibarra no se va, no se ha ido por el hecho de aplicar un cambio generacional en el partido y en las instituciones extremeñas. El cambio generacional no tiene que ver con la edad, al menos en política. Ibarra se ha ido porque quiere y porque puede. No porque está mayor o agotado políticamente, no. Porque resulta que Ibarra es el político extremeño más joven en ideas, en capacidad y valentía política. Conozco muchos jóvenes de ideas viejas.

En 1997 supo ver antes que nadie (visionario e iluso llegaron a llamarle) la sociedad de la información, y pocos años después el salto hacia la sociedad de la imaginación y el conocimiento. Los vio y los implementó a pesar de muchos. El tiempo le dio la razón. Fue el primero que apostó por el cambio de pensamiento analógico al pensamiento digital. Hacia eso de lo que hoy todo el mundo habla aunque no todos practiquen todavía. Se va, se fue porque quiere y porque puede. Otros habrá seguro que no se irán porque no quieren aunque puedan. Pero esa es otra historia.

Yo me quedo con la persona y el personaje. Con su lealtad y su coherencia. Y me quedo con su última certeza que con el tiempo veremos. Algunos siguen empeñados en discursos sobre territorios que no conducen a nada. Solo a extravagancias e intereses de una clase política que aspira al poder por el poder. Y no se dan cuenta o no quieren darse cuenta que el territorio ha cambiado. El territorio es Internet.

Respetamos tu decisión, pero nos sigues haciendo falta. Y es que a veces olvidamos el poder de las emociones. La capacidad de influir positivamente y de inyectar autoestima en personas que durante muchos años pensaron que no podían cambiar su destino.

miércoles, 21 de mayo de 2008

Cáceres 2016



Aspirar a ser Capital Europea de la Cultura no es solamente una cuestión institucional. Necesita de la comprensión, la aceptación y la implicación de todos los ciudadanos. Si bien el peso del proyecto corresponde a las instituciones, los ciudadanos tenemos el derecho y el deber de aportar nuestro grano de arena con ilusión y convencimiento. Además es una buena oportunidad para seguir trabajando por la cohesión de los territorios de Extremadura. Por eso desde aquí aplaudimos la decisión de hacer de Cáceres 2016 un proyecto global extremeño y apoyamos y animamos a todos a participar en él. Todos saldremos ganando.

martes, 20 de mayo de 2008

Símbolos



Pienso que buena parte de los españoles no tenemos demasiado apego o especial cariño por “la bandera”. No al menos hasta el extremo al que llegan los ciudadanos USA, sobretodo. Seguramente sea porque esos colores, aunque ya no soportan un águila, nos traen recuerdos de opresión y falta de libertad. Pero el hecho es que tenemos una bandera que nos representa, amparada por la constitución y por la democracia que nos hemos dado, aunque solo nos arropemos en ella en acontecimientos deportivos internacionales.

Los símbolos siempre son importantes en el plano de las emociones, pues refuerzan un sentimiento o una convicción; sirven de vehículo que cohesiona e identifica. Tienen el peligro, eso sí, de la manipulación interesada e incluso de la dominación. Pero a veces gestos como el del ayuntamiento de Donostia, creo que también el de Bilbao y algunos otros, de poner las tres banderas que identifican a la ciudad puede ayudar a la convivencia plural y pacífica de los territorios. Quizá debería cundir el ejemplo y mantenerlo en el tiempo. Aunque solo fuese por ver la urticaria de los violentos y quienes los apoyan.