lunes, 9 de febrero de 2009

Cuestión de sensaciones


La vida (y la política) en general, lejos de desarrollarse en aspectos puramente racionales, toma el pulso y se circunscribe en algo más emocional, más cercano a las percepciones y sensaciones, a "ese trozo de piel" que rige nuestro cerebro. Son por tanto fundamentales los estados de ánimo y el ambiente exterior que puede influir en ellos. Los eventos consuetudinarios que acontecen en la rúa. En lenguaje poético: lo que pasa en la calle. Para conseguir un buen estado de ánimo se hace imprescindible impulsar y recibir mensajes positivos que relaten esperanza, seguridad y esfuerzo compartido. Y en eso estamos. Pero quizá habría que reforzar esos mensajes con algo más profano como garantías efectivas (euros y puestos de trabajo en lenguaje de mercado)para insuflar vitalidad al recibo de la luz y la hipoteca.

Algunos post más atrás, cuando el mundo progresista soñaba con la esperanza negra, me atreví a dudar, no ya de su osadía, tan justa, tan necesaria, sino de la capacidad de movimiento para osar. Hoy leo esta reflexión de Paul Krugman (es un premio nobel, pero no importa, todos alguna vez hemos ganado un premio)y empiezo a reafirmar mi duda y mi sospecha. Ya sé que Estados Unidos queda muy lejos (a más de seis horas de distancia horaria). Tan lejos como Lehman Brothers, Fanny y Fredie, el mago Madof y otros quedaban hace un año de la tienda de mi barrio. Por eso me produce sensaciones.