martes, 21 de abril de 2009

"La iglesia debe decir qué es pecado, no qué es delito"


Pues más claro el agua. Y si es de la Fuente del Avellano mejor, que sale fresquita y la repartían los aguadores Paseo de Los Tristes abajo, camino de la Plaza Nueva. “La Iglesia debe decir qué es pecado, no qué es delito”, ha dicho la ministra Aído en alusión a la última arenga rouconiana. Y es que estos curas-obispos no se acaban de instalar en la estructura democrática y no cesan de intentar moldearla hacia los nostálgicos tiempos de aquella “democracia orgánica”. Son insaciables. Mantienen (a pesar de la que está cayendo) una financiación privilegiada que sustenta su pantagruélica vida episcopal, pero no les basta. Hay que tocar los hilos del poder político. Veréis cómo, conforme se acerque la campaña a las europeas, aumentan los mítines. Es lo que tiene esto de la democracia, que caben hasta las sotanas.