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martes, 19 de enero de 2010

Gestionar la solidaridad


La reacción global humanitaria y de solidaridad ante la catástrofe haitiana en este tiempo globalizado ha sido, desde mi punto de vista, lo que se esperaba. Y no me cabe duda de que irá in crescendo y se aportarán muchos más recursos humanos y materiales en las próximas semanas para reconstruir un pais completamente. Un pais que había desaparecido del mapa, que no existía y que, obra de la naturaleza, de pronto todos hemos conocido. Pero de poco valdrán esos recursos ante el caos de la gestión. Ante la confusión y la descoordinación (con la consiguiente falta de seguridad) que se ha hecho patente en la primera semana. Del quítate tú para que me ponga yo. Una vez más los EEUU entorpeciendo la labor de la ONU. Una vez más la ONU dejándose entorpecer por los EEUU. Y la UE ni está se la espera. Hasta que no aprendamos a gestionar la solidaridad se seguirán perdiendo vidas. Si existe la Organización de Naciones Unidas, ¿por qué no dejamos que administre nuestros buenos sentimientos? ¿Qué réditos se esperan por algunos de esta catástrofe?

jueves, 10 de abril de 2008

Balanzas fiscales


Participo de la idea de que una democracia avanzada debe caracterizarse por la transparencia de sus acciones. Los ciudadanos tienen derecho a conocer en profundidad cómo se desarrolla la administración de los bienes públicos. Cuál es el destino de los impuestos que las personas físicas y jurídicas pagamos (los territorios no tributan). De dónde provienen los ingresos y en qué cuantía; y en dónde se emplea el gasto y en qué cuantía. De esta manera los mecanismos de seguimiento y control que nos hemos dado para vigilar la acción de gobierno estarán en disposición de realizar su tarea con eficiencia. España es una democracia avanzada.

Desde hace algún tiempo (cada vez con más insistencia, y con toda legitimidad) se está pidiendo por parte de algunas comunidades autónomas la publicación oficial de las balanzas fiscales de las comunidades para con el estado. Esto es, qué aporto a la caja común y qué recibo de ella, con la sola intención, se dice, de conocer el saldo de la balanza. También se ha puesto como argumento el acabar con cierta fama de insolidaridad que en ocasiones, y en determinados foros, se ha achacado a algunos territorios.

En contraposición, desde otras comunidades se aduce que la publicación de las balanzas fiscales tiene el peligro o al menos la tentación de solicitar una revisión profunda en el sistema de financiación autonómico atendiendo al saldo que cada territorio arroje en su balanza fiscal. Lo que pondría en peligro el equilibrio en el desarrollo territorial que la constitución reconoce (derechos y deberes de los ciudadanos independientemente del lugar en donde vivan).

En la sesión de investidura del martes 8, el candidato-presidente Zapatero comprometió la publicación de las balanzas fiscales en menos de dos meses. El debate, pues, se ha abierto irremediablemente. Y habrá opiniones para todos los gustos. Y reivindicaciones y acusaciones que irán bajando en cascada desde las élites políticas hasta el ciudadano de a pié a través de los medios de comunicación.

Más allá de las cifras, lo importante será convenir de común acuerdo que los parámetros que utilice el gobierno en su informe de balanza fiscal sean los parámetros aceptados (cada maestrillo tiene su librillo, y este es un tema muy complicado).

Y no digo yo que esto vaya a suponer un obstáculo o un problema al principio de solidaridad interterritorial. Por más que puedan surgir tentaciones, el equilibrio solidario está garantizado por el gobierno. Pero va a ser un debate intenso que, en cualquier caso (puesto que ha comprometido su publicación), el presidente Zapatero tenía, ya, marcado en la agenda política para esta legislatura.

Lo que seguramente será algo más desagradable (aunque no pase de pura anécdota) es que cuando lleguen los periodos vacacionales con el debate en todo lo alto y retornen los emigrantes a sus pueblos a descansar, surjan discusiones algo más acaloradas y se dejen de hablar paisanos y amigos de toda la vida.