martes, 8 de noviembre de 2011

Debate

En democracia los debates ante la ciudadanía entre los aspirantes a gobernar deberían ser obligatorios (no me gusta la palabra) por ley. Es la manera más clara y más directa (los mítines son para los propios) de que podamos contrastar los modelos y las propuestas que unos y otros tienen para la comunidad. Por tanto debates sí, cuantos más mejor...y entre todos los contendientes. Ya que se gobierna y vivimos a través de los medios de "información", el papel de esos medios como intermediarios debería ser un servicio a la ciudadanía.

Y es que además en los debates, en los cara a cara podemos observar (por muy medidos y ensayados y pactados que estén todos los aspectos mediáticos) algunos detalles verdaderos de los candidatos. Luego vienen las interpretaciones y los análisis de los todólogos y la opinión publicada que, tristemente influye, en mi opinión, más de la cuenta en nuestras decisiones. Es parte del juego. Pero es un juego demasiado serio como para hacerlo excesivamente lúdico. Soy de la opinión (sin alcanzar a entender del todo el fondo y el por qué de ese fondo) de que hace ya mucho tiempo la opinión publicada, apoyándose en el dato "científico de encuestas ad hoc", ha "decidido" que Rajoy gane las elecciones del próximo #20N. No toda, claro, pero sí la inmensa mayoría. Nunca hemos tenido acceso a tanta información como ahora, y por eso es tan tentador manipular ese caudal de información. Sesgarlo y reconducirlo a un parecer o a otro (recordemos que los medios pertenecen, en su gran mayoría, a empresas con intereses bien definidos de color económico).

Por eso es tan importante ver en televisión a los candidatos ofreciéndonos sus propuestas, o la ausencia de ellas y sacar nosotros, dentro de nuestro discernimiento y preferencias, nuestras conclusiones. Luego ya lo del ganador y perdedor del debate es otra historia. El ganador será el que gane en las urnas y el perdedor el que pierda en las urnas.

A mí me gusta ver la cara y oir lo que me proponen. Saber si puedo confiar en lo que me dicen o no. Y desde luego después de este último debate tengo claro que no voy a confiar en alguien que tiene que leer sus opiniones y conviccionnes. Que lea algún o muchos datos y cifras pase, pero que lo tenga que leer todo no me merece confianza. Porque pienso que no cree en lo que dice y, lo que es peor, puede ser el polichinela de quien le escribe el guión.

Elegir al Presidente de mi país es algo trascendental para mi futuro. No me convence alguien que no está convencido. Es posible que me venza pero nunca me convencerá.

¿Se imaginan a un Presidente leyendo cada palabra en cualquier circunstancia de gobierno? ¿No tiene opinión propia? ¿Quién le escribe el argumento?

Mariano Rajoy no tiene talla de Presidente, no debe representar a un país serio. Tenemos muy cerca a Italia y su gobierno de operetta.