miércoles, 6 de mayo de 2009

Sin humillarse ante Dios



A veces las tradiciones nos exigen demasiado. Es cierto que forman parte de nuestro patrimonio cultural, que forjan nuestra idiosincrasia y nos proporcionan identidad y todo eso. Pero hay que distinguir entre tradiciones y latiguillos inventados que excluyen más que amparan. Que huelen más a secta que a otra cosa. Por eso aplaudo la decisión del lehendakari electo de modificar la formula ceremonial de toma de posesión el próximo jueves en Gernika. Por mucho que le escueza a Anasagasti. No hay que humillarse ante Dios ni ante nadie. En todo caso hay que prometer con humildad dejarse la piel por el pueblo vasco. Empieza el cambio desde el principio. Ánimo Patxi.