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miércoles, 15 de abril de 2009

Gabilondo, Ángel



La gran mayoría de los opinadores parecen concluir en el acierto del nombre para conducir la educación. También he oído decir que afortunadamente vuelven las competencias universitarias al ministerio de donde nunca debieron haber salido. En el nombramiento del nuevo ministro nada tengo que decir (como todo en la vida hay que dar tiempo al tiempo) aparte del prestigio que le precede por sus anteriores responsabilidades (rector de rectores, etc…) y las esperanzadoras y estimulantes palabras en su toma de posesión:

"Estoy muy satisfecho de asumir un desafío así; creo en el valor público de la educación y creo en el coraje público de los educadores, en las políticas públicas, en la iniciativa social; creo que la educación es tarea de todos, que abarca todos los niveles de la vida y de la sociedad."

“Son tiempos muy difíciles, muy exigentes, pero muy atractivos; es el momento de ser muy activos, muy decididos y, lejos de tonos quejumbrosos, es el tiempo de la decisión y de la acción, ya que la educación es determinante, también para la justicia y para la libertad".


Chapeau. El inicio, si se traduce en hechos, no puede ser más interesante y prometedor para un asunto, la educación, tan determinante en el pasado, presente y futuro de un país.

En cuanto a que universidad esté en educación o en ciencia y tecnología o en otro sitio pues no sé, tengo mis dudas. Claro que la universidad es educación, pero también es otras cosas que contribuyen o debieran contribuir a la formación integral y la preparación para el futuro, el desarrollo y el progreso económico y social sostenibles. Por lo que personalmente pienso que la universidad debería desprenderse un poco de la gomina academicista y acercarse un poquito a temas más profanos como la empresa y la i+d+i.

Quizá la solución, para esta y cualquier otra competencia, sea desterrar los compartimentos estancos y las guerras de taifas por las competencias entre ministerios y consejerías, y creer más y así entonces aplicar esa necesaria transversabilidad y coordinación que nos haga ver y trabajar por las cosas como un todo. Al fin y al cabo a lo que los ciudadanos aspiramos es a poder planificar y desarrollar nuestro proyecto de vida. Lo demás son cuadraturas del círculo.

domingo, 18 de mayo de 2008

Corbacho (el ministro)



La visita de Celestino Corbacho este fin de semana a Extremadura me ha servido para reflexionar sobre lo que, a mi juicio, es el pilar de los pilares del estado del bienestar, su consolidación y desarrollo futuro. Esto es, el trabajo. El tener una tasa de empleo suficiente que genere riqueza individual y colectiva. Un empleo de calidad que cubra necesidades y expectativas, y que proporcione las capacidades básicas para funcionar que necesita cualquier ser humano, y que pueden diferir bastante de una sociedad a otra.
Porque el trabajo no solamente nos dota de recursos materiales para comer, vestir, pagar las facturas, etc. El trabajo es también, o es sobretodo, la dosis de desarrollo personal que nos hace más libres.

Un Estado democrático, un gobierno progresista debe preocuparse por el nivel de empleo. Una tasa alta de empleo genera confianza y disminuye las oportunidades de explotar y manipular a la gente.

Un gobierno de derechas seguramente aplicará la receta de la libertad como no interferencia dejando al “mercado” que campe a sus anchas. Lo que también creará empleo y crecimiento. Pero de forma injustamente desigual y con explotación larvada en el mejor de los casos.

Un gobierno progresista que cree en la libertad como no dominación debe estar atento a que no se produzcan desequilibrios ni situaciones de abuso. Y no estoy hablando de intervencionismo. Se trata de derechos fundamentales.

En un gesto de valentía política el ministro Corbacho nos ha dicho que en los próximos meses se seguirá destruyendo empleo. Pero también que el gobierno trabajará con la región para superar esta situación. Y yo me lo creo. Porque pertenece a un gobierno progresista que ha dado ya muchas muestras en ese sentido.

Lo importante ahora es continuar el diálogo gobierno, empresarios y agentes sociales para, con el esfuerzo de todos, avanzar en la consecución del objetivo que no debe ser otro que trabajar porque todo el mundo tenga trabajo.