lunes, 30 de agosto de 2010

Para la reflexión. Sin más pretensiones.



Dear B., lo que sigue es un texto para la reflexión que casa bastante bien con las conversaciones que alguna que otra vez mantenemos. Hasta la próxima charla.

Las voces por la refundación de la izquierda están recorriendo Europa, pero el movimiento es aún sectario, torpón y endogámico. Los viejos problemas que siguen bloqueando una dinámica de convergencia pertenecen más al pasado que al presente: si anticapitalismo sí o reformismo también, si movimiento o partido, etc. Ninguno de ellos debería retrasar el proceso. Acercarse a la realidad, encontrar sus puntos calientes y remover  las cenizas del brasero social para encontrar las ascuas que aún no se han apagado y que pueden volver a prender en el salto hacia un nuevo ciclo político, podrían solucionar muchos de ellos. Puede parecer difícil y de alguna forma lo es. Pero la situación tras el derrumbe es propicia y, al mismo tiempo, urgente. Mi sensación es que los principales frenos son el peso del pasado, que incluye un matrimonio corrosivo entre renta y clases medias y populares, la excesiva sofisticación intelectual y programática de muchos implicados, la metafísica roja que hoy sigue instalada en la izquierda europea y que provoca una enfermiza tendencia a intelectualizar las cosas más simples y a dar por perdidas a las clases populares para la izquierda. Imposible avanzar con este bagaje. Muchas ascuas siguen calientes, de forma que una mínima sensibilidad política, el sentido común y una huida del artificio intelectual tal vez sean suficientes para encontrarlas y ponerse a andar. La realidad en la que vivimos proporciona una información más que suficiente para dar con las semillas de las que pude llegar a brotar una nueva civilización. Y de una cosa estoy completamente seguro, tanto antes como después del fin de la fiesta inmobiliaria y de la caída del Muro de Berlín: la civilización sólo puede perdurar si la humanidad encuentra una fórmula para hacer realidad el único principio que puede salvarla de su hundimiento durante, al menos, un par de miles de años más. El principio de que cada uno aporte a la colectividad según su capacidad individual y que la colectividad le asigne a cada uno un canon según sus necesidades individuales. Sólo así se podrá evitar que el libre y legítimo desarrollo de cada uno no destruya el libre desarrollo del conjunto sino que lo preserve y lo fomente.

Armando Fernández Steinko.
Izquierda y Republicanismo: El salto a la refundación