martes, 20 de octubre de 2009

La importancia de llamarse Ernesto


Dear B.:
Que no! Que no somos iguales. Si eso ya se ve. Unos altos. Otros bajos. Los hay gordos, extremadamente gordos frente a los flacos y los escuálidos. Rubios, morenos, fresa-caramelo. Es como el conejito de la suerte. No es igual llamarse Pérez que Millet. Porque los Pérez, cuando presuntamente delinquen, si no los enchironas inmediatamente y sin contemplaciones, se fugan fijo. Ahora, los Millet no. Que ahí hay clase hasta para tangar. A estos, por su alcurnia demostrada y sus actos píos no hay que encerrarlos en la mazmorra fría. Aunque tengan cuentas en Suiza. De esas clasificadas como top-secret, y jets privados y amistades con posibles.
¡Cómo está la cosa con esto de los jueces y los amiguitos del alma, y lo de mucho más que una amistad! ¿Por qué será que siempre pierde el chorizo de tortilla frente al chorizo de beluga? No será que los jueces...!